En ocasiones no sentimos
el vaivén del tiempo.
La adrenalina corre,
y el tiempo sigue su camino
como si nada.
Y qué peligro.
Desconectados del mañana,
esta vez,
y yo...
Hay que asegurar
ese instante futuro,
ese instante pactado,
o se lo lleva el tiempo mismo
con su ir y venir.
O se lo lleva la noche,
la misma que te lo dio todo,
desnuda,
la misma que te alimentó,
la misma que se fue.
Y ya no hay más.
Ni menos.
Ni siquiera un porqué.
Por eso no puedo decir:
ven,
ven,
ven,
ven.
Te lo llevaste.
Y contigo no hay forma,
porque no eres materia,
no eres cuerpo,
no eres algo que pueda retener.
Volveré al camino.
Y volveré otra vez.
Te mataré,
vaivén del tiempo,
como sea.
Pero lo haré.
¡Qué destino!.
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