Aquellas espinas recorren mis venas
junto a mi sangre envenenada,
soy un muerto que camina,
un espectro latiendo en la penumbra.
Aquellas rosas negras,
manchadas con el rojo del cielo herido,
llevan estampado el rastro de tus lágrimas de plata.
Me perteneces,
desde el frío inframundo de Hades
hasta el rincón más oscuro de lo terrenal.
No decaigas, amor mío,
porque pronto vendré a reclamar
lo que es mío por sangre y por veneno.

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